Un día por carreteras etíopes

img_5145

El bullicio, el polvo, los edificios a medio hacer, las bocinas de los taxis, las avenidas llenas de coloridas barracas de bebida y snacks, los jóvenes universitarios bien peinados soñando con cambiar el mundo. Dejar Adís Abeba, con la brújula puesta hacia el sur, significaba escapar de todo eso para adentrarse en un largo camino lleno de miradasindiscretas (haz click en los subrayados para ver más información), presentes pero invisibles, que colonizan las inmediaciones del mayor río nacional: la carretera.

Era la primera vez en 25 años que el gobierno etíope anunciaba un estado de emergencia, abrumado por el conflicto tribal entre las regiones norteñas de Oromia y Amara. Justo una semana antes, 52 personas murieron en una avalancha humana provocada por la intervención policial en un festival.

Era un martes de octubre cualquiera, excepto por el hecho de que siete días antes Etiopía había activado el estado de emergencia. Tesé, nuestro guía – reconocido por sus compañeros de profesión como un perro viejo- nos había dado tres directrices claras: no habría cambios de plan; no circularíamos una vez puesto el sol; y no nos pararíamos más de la cuenta para evitar aglomeraciones a nuestro alrededor. Así que, a pesar del largo camino que nos separaba de nuestro primer destino – Arba Minch-, no salimos de la capital hasta una hora prudente de la mañana, que acabaron siendo las nueve.

[Haz click en las flechas de los lados para avanzar o retroceder. También puedes hacerlo directamente en los iconos del mapa]

Que tenía parte de razón y que era absolutamente inflexible lo entendimos rápido. Tesé hacía años que se dedicaba al turismo, principalmente al español y sudamericano. Fue uno de los etíopes huérfanos que se educaron con Fidel Castro, como agradecimiento del régimen comunista a los caídos en la guerra contra Somalia del 1978, a la que los americanos habían apoyado (por la Guerra Fría con la URSS). Aunque los años habían deteriorado notablemente su acento, conservaba algunas frases “revolucionarias” como “¡esto es lo que hay, hermano!”, que iba soltando cómicamente a lo largo de su discurso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s